domingo, 1 de marzo de 2015

Los Niños y Niñas y el abuso sexual

Mi trabajo con niños ha cambiado con el tiempo. Al principio los citaba varias veces, una vez por semana y trabajaba con terapia de juego, en otras un material  que traduje de un libro para niños que vivieron abuso sexual. Después se lo di a la madre  para que lo trabajara en casa y los citaba cada 15 días  y fui aprendiendo con el tiempo que una vez  que los niños sentían que su madre les creía y entendían que no tuvieron la culpa, que no habían hecho nada malo y que el ofensor era el responsable y que su cuerpo es hermoso, las madres me decían que seguían bien. Yo me di cuenta que al decírselo a la madre y ésta creerles, los niños mejoraban  automáticamente. Y cuando los llevan conmigo al principio llegan hasta malhumorados y rejegos, y conforme les voy explicando e interactuamos se van relajando y ¡hasta los codos ponen sobre la mesa con mucho interés, participando y opinando!

Ahora lo manejo en una sesión como se verá más adelante y escribo las ideas principales en una hoja para que se lleven a su casa. Siempre dejo la cita abierta, que si necesitan algo me llamen y rara vez lo hacen. Cuando les vuelvo a dar otra cita van y la sesión dura pocos minutos porque la niña o el niño refiere sentirse bien y la madre refiere que el comportamiento de su hijo o hija volvió a ser como era y que está tranquila.

Estamos acostumbrados a escuchar lo mucho que “trauma” una experiencia de abuso sexual, y por lo tanto esperamos que el manejo o “tratamiento” (como con frecuencia se le llama) dure mucho tiempo.  En mi experiencia, trabajando con niñas se puede resolver en una sesión.  No es magia, creo que influye el que yo sea médica (ya saben todo el poder y credibilidad que tenemos los médicos, lo cual creo que es exagerado, pero en este caso, ayuda), y la convicción de llamar las cosas por su nombre, lo que facilita que salgan adelante.  Llamarlo abuso, quitar culpas, responsabilizar al agresor y no a la madre, reconocer las respuestas del niño o niña ante lo que pasó y ligarlo a lo que valoran y todo lo que he compartido en este blog es lo que ayuda.

Me han dicho que cómo es posible que yo diga que en una sesión la niña estará bien si el abuso sexual es una experiencia “muy traumática”, o no me lo preguntan y veo cara de incredulidad cuando comento mi experiencia. 

En una ocasión una madre volvió con su hijo porque la maestra de la escuela había dicho que no era suficiente, ¿cómo era posible? Al preguntarle a la madre cómo veía al niño, ella contestó que estaba bien, que ya era como antes, hacía caso, no tenía pesadillas, hacía su tarea. Y al preguntarle al niño refirió que se sentía mucho mejor. 

Es la convicción de que los problemas son socialmente construidos como refiere White (1995). Las manifestaciones del abuso sexual tienen que ver con la manera en que la sociedad en que vivimos maneja la sexualidad tan diferente para hombres que para mujeres.  Si tener sexo a edad muy temprana fuera valorado para las mujeres, casi seguro, nadie se sentiría mal  o si no se comentara lo que se comenta de la homosexualidad, probablemente  los hombres no estarían tan aterrorizados con una experiencia así.  Los “síntomas” vienen porque la mujer teme haber “perdido” la virginidad, el niño teme “hacerse gay” al recordar la experiencia de abuso con un hombre, o si la tuvo con una mujer y no lo disfrutó o no “pudo” se pregunta si será por ser homosexual.  Además de esto, es la convicción de llamar las cosas por su nombre, es un abuso, una injusticia, los niños jamás tendrán la culpa, solo el ofensor, no pasa por descuido de las madres y todo lo que ya he comentado en este blog favorece que la persona salga adelante. Necesitamos entender que el abuso sexual es un abuso de poder en el que se usa lo sexual para lastimar. Que hace daño porque además de lo que acabo de comentar, cosifica a las personas, utiliza a las personas como objetos.

  En una ocasión vi a una niña de 4 años que vivió abuso por su padre.  La pareja estaba divorciada. A partir del abuso se cancelaron las visitas con el padre y la niña estaba muy enojada con su mamá a quien veía como responsable de no verlo. Trabajamos un par de sesiones más. Pero esto es lo menos frecuente. 

En otras ocasiones las señoras acuden al lugar donde trabajo por otros motivos y cuando nos topamos en los pasillos suelen comentarme que sus hijos continúan bien después de que hablamos.

 A veces después del abuso los niños no se sienten maltratados o traumatizados y al acercarse a la adolescencia, cuando empiezan a conocer el comportamiento sexual adecuado e inadecuado, el recuerdo del abuso y el silencio puede llevarlos a sentirse culpables, que no merecen nada bueno, creer que son homosexuales (los niños) y que ya están “manchadas” (las niñas).

En una ocasión, una niña de 11 años que me la llevaron por abuso, aparentemente no hacía mucho caso y escuchaba con indiferencia lo que yo le decía a su mamá. Volteé con ella y le dije “seguro que has escuchado que las muchachas que se dejan manosear son unas voladas”.  Asintió viéndome con ojos asombrados, “Pues lo que te pasó a ti es diferente” le dije, “tú eras una niña y no te quedó más remedio porque es difícil luchar contra un adulto, no tienes la culpa y eso no te ensucia ni te mancha ni eres mercancía defectuosa.  Tampoco eres una “volada”. Tu cuerpo es hermoso y virgen”. Claro no fue así de autoritario lo que conversé, y ahora les voy haciendo preguntas y juntas llegamos a estas conclusiones.

Siempre me impresiona ver el cambio, la tranquilidad y la manera como se relajan y se sienten en confianza. Su actitud cambia diametralmente. Y esto es muy gratificante y es lo que me mantiene trabajando en esto. 

Hay mucha confusión en este tema aunque cada vez menos, o eso quiero pensar.  Por ejemplo una vez llegó una madre angustiada porque la maestra de su niño de 8 años le había dicho que era gay y que lo aceptara y lo quisiera como es.  Esto fue porque encontró al niño con otro de su edad y de su sexo en exploración sexual.  En otras ocasiones un niño de 12 abusó de su primo de 6  (intentó penetrarlo por el ano) y un profesional le dijo  a los padres que era un comportamiento normal, curiosidad porque iba a entrar a la adolescencia. 

En el primer caso, el niño no es gay y en el segundo, se trata de abuso sexual y ya veremos por qué, no es un comportamiento sexual normal para un niño  de 12, todo esto lo ampliaré en la próxima entrada.


lunes, 19 de enero de 2015

Deconstruyendo el amor en los contextos de abuso sexual



Pareciera mentira que en ocasiones se puede confundir el amor con el abuso, pero es cierto que a veces puede resultar muy confuso para las mujeres, sobre todo si viven el abuso en la adolescencia temprana porque la persona que abusa, seduce, habla bonito, ofrece amor... Por esta razón les ofrezco esta traducción que aclara estos aspectos.


De construyendo el amor en los contextos de abuso sexual
Sue Mann[1]

Esta reflexión explora el ámbito complejo de las experiencias de las mujeres sujetas al abuso sexual cuando era niñas. Muchas de las circunstancias del abuso sexual infantil puede contribuir a una considerable confusión acerca de los entendimientos y experiencias de amor, ya que el abuso con frecuencia ocurre en los contextos descritos como amor. En algunas circunstancias la persona que ha abusado ha sido, en ocasiones, amable con la niña. Esta pequeña pieza ofrece algunas reflexiones en las opciones que tiene los y las terapeutas para responder a las mujer es en estas circunstancias.

Recientemente me consulto una terapeuta en relación a su trabajo con una joven con la que se reunía acerca de los efectos del abuso que vivió de niña. Habían llegado a un callejón sin salida en su trabajo. La joven estaba sintiendo que había mucho que agradecer a la persona que había abusado de ella -él le había enseñado a cantar; había tenido interés en sus estudios que le habían permitido a ella tener una educación que de otra manera no hubiera estado a su alcance; él había fomentado su aprendizaje por lo que ella se sentía muy contenta; y también  había abusado de ella en todo este teniendo. Las preguntas que la joven se encontraba haciendo eran: "¿Cómo puede alguien ser tan cariñoso y tan mal al mismo tiempo? ¿Cómo puede la gente que te ama, hacerte daño al mismo tiempo?" Esto  la dejaba con la convicción de que si él era claramente una persona tan cariñosa, "ella por lo tanto tendría que ser mala persona".

Esta pregunta no me sorprendió. Con frecuencia escucho de las mujeres que la persona que las ha abusado también ha sido "cariñosa" o "amable" o "gentil" y que esto ha creado una considerable confusión en ellas. Algunas veces las otras relaciones en la vida de la niña han sido violentas y abusivas de manera que ellas han visto el abuso sexual no tan malo como otras formas de abuso a las que han sido sujetas. Las mujeres me han dicho como la persona que abusa de ellas les ha dicho "lo mucho que las quieren". También he escuchado de las muchas veces cuando un adulto que realiza el abuso habla de como es importante que la niña "le corresponda a su amor", que ellos eran "vulnerables" y "necesitaban" el "amor" de la niña.

Como terapeutas, ¿como podemos responder a estas situaciones? En un aspecto, esto es directo. En contextos de abuso sexual el "amor"  con frecuencia es usado por el adulto como una práctica de poder para tener ventaja sobre una niña que tiene menos desarrollo en las habilidades para resolver problemas y en hacer distinciones acerca de lo que es y no es amor. Esta confusión de amor y abuso puede ser en ocasiones una táctica/estrategia deliberada para asegurar la sumisión de la niña. La atención y el cuidado se pueden tomar para preparar a la niña para que le sea más difícil resistirse o decir no debido a lo especial de la relación y las cosas que perderían si se negaran. De esta manera, se toma ventaja de la confianza de la niña en el adulto.

Cuando escucho a las mujeres hablar de su confusión acerca de las formas cariñosas que el adulto que abusaba de ellas demostraba, pienso en todas estas cosas. En estos momentos he jugado con la idea de quizá darle una pequeña plática de "las tácticas de las personas que abusan", o una breve discusión acerca de "lo que es amor". Y aun cuando he hecho esto en el pasado, he notado que esto no necesariamente ofrece alivio a la mujer con la que hablo por la confusión, la duda o sentimientos de culpabilidad. Cuando hago declaraciones o enjuiciamientos acerca del significado de las acciones del adulto, de alguna manera siento que no honra la complejidad de lo que se ha esperado que la niña maneje ye tienda. Tampoco parece reconocer la complejidad de los efectos de esto que pueden continuar para ellas en su vida de adultas.

Así que que ¿qué es lo que me apoya en estos momentos y que he encontrado que me ayuda a seguir adelante? Lo que mas me apoya en estas conversaciones es pararme por fuera de la idea de que el adulto o la relacionen cuestión tiene que ser o de amor o de abuso, y en su lugar pensar y hablar de los actos de amor, y los actos de abuso. Quiero dar oportunidades  a las mujeres con las que trabajo a que identifiquen los actos de amor que han sido significativos para ellas en su vida, y porqué han sido significativos, y separar estos de los actos de abuso que han tenido efectos bastante diferentes.

A veces ha sido de ayuda simplemente empezar con reconocer la confusión y todo lo que pueda significar. Reconocer la confusión acerca de la cuestión del amor puede ofrecer un punto de entrada a conversaciones que resaltarán lo que es valioso  para la mujer. Cuando las mujeres expresan confusión acerca de las consideraciones del amor y quieren aclararlas, podemos explorar qué significa esto para ellas, por qué es importante para ellas, y que es lo que esto dice de ellas. Esto abre espacio para historias de las maneras en que el amor ha estado jugando un papel en la vida de la mujer, los actos de amor que ellas han demostrado hacia otras personas. Una vez que hayamos explorado porque el amor es significativo para ellas, los valores que son importantes para ellas, podemos examinar como estos calores han sido violados por el abuso. En circunstancias donde las mujeres se han sentido como "la mala persona", la confusión también puede ser un testimonio de su resistencia ante esas ideas. Al desempacar la confusión podemos encontrar oportunidades ara revisar ideas acerca de la responsabilidad por el abuso.

Con el tiempo, podemos también trabajar juntas para identificar la historia de las habilidades de la mujer para discernir loa actos de amor de los de falta de respeto o abuso. Trazar la historia de estas habilidades puede llevarnos a una descripción y una apreciación más rica de ellas. Y a su vez esto puede con frecuencia capacitar a la mujer para que desarrolle mas adelante estas habilidades en su vida actual y en sus relaciones.

También, tengo curiosidad acerca de cómo se nombró el amor en la relación con la persona que actuó de forma abusiva hacia ellas: "¿quién le llamó amor a esta relación?  ¿Hubo veces en que se le podría haber llamado amor y otras en las que se le pudo haber llamado de otra manera? ¿Cómo hubiera querido llamarla si le hubieran preguntado? ¿Cómo le quiere llamar ahora?

Un importante tema en estas conversaciones incluye asistir a la mujer alejarse del sentimiento de"la mala persona". Cuando las mujeres pueden reconsiderar cómo podría verse el amor, si estuviera en lugar  del abuso, puede hacer una gran diferencia: "el podría haberme enseñado a andar en bici y decirme que buena era para eso sin asustarme", "él hubiera ido a ver un terapeuta -como yo tuve que hacerlo-en lugar de esperar que yo siendo niña lo cuidara".

Cuando este tipo de clarificaciones se puede hacer, con frecuencia escucho a las mujeres desarrollar una clara expectativa de disculpa de la persona que abuso y algunas veces una sensación de tristeza por la persona.

Para personas que han sido sometidas a abuso sexual cuando eran niñas, las preguntas sobre el amor puede ser compleja. A veces  una mujer con la que trabajo pudo haber pensado alguna vez que la relación que ellas tenían con un adulto particular era de amor y aun ahora entender que esta era una relación completamente abusiva. Otras veces, una mujer quiere reconocer el abuso que han vivido y todos los efectos de esto, mientras que también se sostienen de alguna manera los actos de cariño que sintieron de este adulto particular como separado de los actos de abuso. Otras veces, una mujer hablará simplemente de su confusión hacerla de estos temas.

En mi trabajo, trato de mantenerme abierta a los deseos y conocimientos particulares de la mujer y explorar los discernimientos que ella hace en este terreno. También trato con cuidado explorar los efectos de cada conversación que compartimos acerca de estos temas.

Continuo aprendiendo mucho de las mujeres con las que trabajo acerca de los actos de abuso y los actos de amor.


Traducido por Marta Rivera del International Journal of Narrative Therapy and Community Work 2004 No. 3  www.dulwichcentre.com.au



[1] Sue Mann ha trabajado en Adelaida en el área de abuso sexual infantil en los últimos cuatro años. También es parte de los maestros del Dulwich Centre y ahí la puedes contactar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

La Madre y el Abuso Sexual

 Kamsler (1998) refiere que la terapia familiar se explica el abuso sexual hablando de la familia disfuncional, donde esta disfuncionalidad se atribuye principalmente a la madre la cual se dice, ha fallado en su rol de esposa y madre. Se habla del incesto como un síntoma de disfuncionalidad. Se dice incluso que el incesto sirve o tiene la función de mantener a la familia unida porque sus relaciones internas son inestables. Se alega la disfunción de la relación entre el padre y la hija y que el incesto está fuertemente influenciado por los problemas madre-hija y padre-hija. Vazquez Mezquita (1995) habla incluso de las “características de la madre incestuosa”, y hasta de la hija y lo que refiere del padre es muy vago. Parecería que la  responsabilidad es de la madre por "poseer" esas características.

No me cansaré de hacer énfasis de que la madre no es responsable del abuso. Generalmente y en la mayoría de los casos la madre desconoce lo que está pasando. Con mucha frecuencia escucho a los colegas decir: ¿Y dónde estaba esa madre? Pues esa madre o dormía o estaba haciendo la comida o trabajando, insisto, el abuso sexual sucede porque hay alguien que lo hace, no por "descuido" de las madres. Cuando hablo con las mujeres les pregunto, si vieras a una niña "descuidada" ¿qué harías? Y su respuesta es algo como "buscaría a la madre", "la llevaría a su casa", le daría de comer". En otras ocasiones les pregunto si harían tonta a una niña cambiándole un billete de mayor valor por uno de menor valor al cabo no se daría cuenta. Me dicen que no. Cuando les pregunto porqué no se aprovecharían de esa niña o porqué no la maltratarían, me contestan que no porque "es inocente", "no lo merece" o que valoran la infancia. Entonces, reconstruimos las ideas que dominan y concluimos que el abuso no sucede por descuido de las madres sino porque alguien se aprovecha de la situación, impone su poder ante la niña, valora otras cosas porque si valorara lo que ellas, no lo haría.

 Es curioso cómo las personas se enojan más con la madre que por el varón que abusó. Claro, están bajo las ideas de que son las madres las responsables de los hijos e hijas. Si acaso lo sabe es porque ella también lo vivió y está bajo los efectos de lo mismo y no sabe, es tan terrible para ella que le duele y le paraliza que a la hija también le haya pasado, además puede sentirse culpable porque “no la cuidó”. Porque es bien sabido, cómo la sociedad en que vivimos espera que las madres sean "superpoderosas" para cuidar a los hijas, y las acusa por cualquier cosa como si ellas tuvieran esos poderes para protegerlos, y no los hubieran ejercido.

Con mucha frecuencia las mujeres están enojadas con su mamá más que con el ofensor porque dicen que no las cuidó. Las invito a reflexionar sobre qué es lo que el enojo dice de lo que consideran valioso y qué piensan de ello. Generalmente tiene que ver con la valoración de la justicia, de la infancia, de la inocencia que no fue respetada y eso las enoja. A veces de alguna manera exploramos las expectativas culturales que hay para las madres y vemos cómo estaban las cosas en ese entonces, lo que pudiera llevar a una comprensión del porqué la mamá no se dio cuenta.

Cuando el ofensor es su hijo, el que abusó de su hija, esta madre se siente entre la espada y la pared. Por un lado sabe que lo que le pasó a su hija  y por otro lado está su hijo. Es como si la madre se preguntara ¿qué no lo eduqué bien, no le di valores? La sociedad responsabiliza a las madres de todo lo que les pasa a sus hijos. Un estudio norteamericano investigó la incidencia en que las madres eran culpabilizadas de las diferentes psicopatologías de sus hijos en las jornadas clínicas mayores de 1970, 1976 y 1982  y observó que las madres fueron culpadas por un total de 72 diferentes tipos de psicopatologías. La frecuencia no ha variado en los últimos tres años, donde se culpan a las madres en relación a los padres en 5:1 (Garcia C., Surrey J., Weintgarten K 1998)  Es como si la sociedad creyera que la madre pudiera controlarlo todo y existiera la perfección en los humanos y ellas tuvieran  que serlo. Claro, no se le exige la misma "perfección" al que abusa y por desgracia muchas de las veces hasta se les justifica. Sucede más o menos lo mismo cuando es el padre biológico o el padrastro el que abusa ¿a quién escogí como pareja? se preguntan. 

Sobre la marcha vamos conversando de lo que han hecho, desde que se enteraron, las intenciones y valores que hay detrás de lo que hicieron. Porque siempre o casi siempre hacen lo mejor que pueden para con sus hijos. Podría decir que a todas las madres que les pregunto, que qué las sostiene para no darse por vencidas por los problemas, me comentan que sus hijos. Es injusto que la psicología dominante las acuse de tanta cosa ya que generalmente buscan el bienestar de sus hijos.

Y como lo he comentado, las madres se sienten responsables, porque así se ve en la sociedad en que vivimos, que es función exclusiva de la mujer que la familia funcione adecuadamente, como si su pareja no tuviera la misma responsabilidad. Por eso es importante desmentir las ideas que dominan ante esta situación. Hacerlo con la madre, ayuda mucho también.  En mi experiencia muchas veces las madres están tan dolidas por su propio abuso, cuando lo vivieron también y por las situaciones que actualmente viven como un mal matrimonio, una situación económica muy difícil o una relación violenta por parte de su pareja, que es difícil que se den cuenta de lo que les pasa a los hijos porque no se dan a basto.

En una ocasión me llevaron a una chica de 12 años por incesto. La trajo la tía y la abuela, porque la madre no le creía. Invité a la madre a venir, y  asistió  molesta, tensa. Le dije que agradecía su presencia porque percibía el interés por su hija y que la mandé llamar para decirle que yo sabía que ella no era responsable de lo que pasó. El cambio en su cara fue notable, se relajó y el trabajamos juntas en beneficio de ella y su hija.  Estos cambios drásticos los he visto muchas veces cuando la madre se siente escuchada y no enjuiciada.

A veces la familia se angustia ante la posibilidad de que él vaya a prisión y los problemas económicos que pudieran resultar, que son muy reales. Yo les comento que si el señor va a prisión no es porque la hija haya destapado el incesto sino porque él cometió un delito. No es raro que traten de convencer a la hija para que se retracte.

 Así me pasó con una joven de 13 años que tuvo que decir que lo había inventado todo porque le suplicaron que se echara para atrás porque todos iban a estar tristes y victimizaron al ofensor y a la familia.

 Por lo tanto es importante enfatizar que las consecuencias legales son por el delito que se cometió, el abuso sexual es un delito. Hace muchos años me sentía muy entusiasmada a invitar a la familia a que denunciara, yo esperaba que eso modificara las leyes. Ya no, las personas pasan por tantas dificultades, las hacen gastar tanto, dar tantas vueltas que muchas veces arriesgan las madres su trabajo. Si es necesario, hablamos del tema y las madres hacen lo que creen conveniente de acuerdo a lo que quieren para su vida. Yo respeto. Además no me siento convencida de que la prisión solucione algo.

Generalmente las madres acompañan a la hija, sobre todo cuando son menores de edad y me gusta que vengan juntas porque ambas se benefician. Cuando empiezo a trabajar con la hija, si la madre vivió también abuso sexual, escucha y se va sintiendo mejor. La incluyo en la conversación. Y lo que comenta da pie a que tengan conversaciones que las ayude a acercarse más. La madre puede ofrecer lo que le ha ayudado a ella y puede ser un ejemplo para la hija porque salió adelante y siguió con su vida, a pesar de haberlo vivido. Lo que desmiente la idea de que "quedan traumadas de por vida".
  
A veces las  madres que han vivido abuso sexual son sumamente cautelosas a los extremos de  no permitir a ningún varón que se acerque a sus hijas, intentan protegerlas. Y esto es muy importante, entenderlas en vez de criticarlas. 

Una mujer joven que vivió abuso por su padre me preguntaba si era conveniente que su esposo le cambiara pañales a su bebé o si pudiese permitirle a su hermano que cargara a su hija. Le pregunté “¿de los hombres que conoces, cuantos han sido abusivos y cuantos han sido respetuosos?" Los hombres respetuosos que ella conocía eran bastantes. Reflexionamos  que no todos los hombres son abusivos. Desmintiendo la idea de que "todos son iguales".

Si la madre se da cuenta de que fue víctima, la apoyo en su lugar de madre y buscamos manera en que pueda apoyar a la hija, sobre todo si es una menor, si la hija es adolescente podemos buscar entre las tres, maneras en que puedan darse la mano. De alguna manera reflexionamos sobre cómo la sociedad favorece de algún modo el distanciamiento de las hijas y las madres con los discursos de que las madres son "demasiado" algo: cuidadosas, protectoras o distantes o trabajadoras que "abandonan", digo les llaman hasta "esquizofrinizantes" e "incestuosas". Yo comento con las chamacas, ¿quién está ahí cuando necesitas algo o cuando te enfermas? "Ella", me dicen, señalando a la madre. Entonces ¿cómo que es la mala del cuento? les digo. Generalmente sonríen.

Mi intención al escribir esto deconstruir las ideas que dominan que culpabilizan a las madres de lo que les pasa a las hijas, sobre todo con este tema del abuso sexual. Ya va disminuyendo esa idea, en comparación a cuando empecé a trabajar con el tema, hace unos 20 años, pero todavía prevalece. Mi manera de hacerlo ha ido cambiando con el tiempo y con los aprendizajes que voy teniendo con las Prácticas Narrativas.


GARCIA C, Surrey J, Weingarten K editors: Mothering against the odds: diverse voices of contemporary mothers. The Guilford Press 1998 USA

KAMSLER A.: Her-story in the making: Therapy with women who where sexually abused in childhood. En White C. & Denborough D.:Introducing Narrative Therapy: a collection of practice-based writings. Dulwich Center Publications 1998. Australia

VAZQUEZ Mezquita Blanca: Agresión sexual: Evaluación  y tratamiento en menores. Siglo XXI Editores 1995.